Ozzy: un último rugido por la vida

Hoy la música se ha quedado un poco más huérfana. Ha partido Ozzy Osbourne, el “Príncipe de las Tinieblas”, cuya voz rugió contra la destrucción y la indiferencia, y cuyo último acto resonó como un eco de esperanza: vender sus propias pinturas, creadas en complicidad con chimpancés rescatados, para apoyar al santuario Save the Chimps, aquí cerca, en Fort Pierce, Florida.

Cinco lienzos, impregnados de color y vida, recaudaron más de £54,000 para brindar refugio, cuidados y dignidad a seres rescatados de laboratorios, circos de carretera y tráfico ilegal.

En este santuario, los chimpancés reciben atención veterinaria especializada, alimentos nutritivos y enriquecimientos sociales —incluida la pintura, que ahora se convirtió en puente entre arte y redención.

Quienes lo escuchamos sabemos que no todo en su legado fueron gritos y sombras. Canciones como “Revelation (Mother Earth)”, con su clamor apocalíptico, y “Dreamer”, su plegaria por una humanidad reconciliada con la Tierra, mostraron a un hombre consciente de nuestra fragilidad. Incluso en “God Bless the Almighty Dollar”, denunciaba la codicia que devora el planeta.

No podemos obviar aquel episodio que lo persiguió siempre: en 1982, en pleno escenario, mordió la cabeza de un murciélago, convencido de que era de goma. El animal estaba muerto, y Ozzy pagó el precio de su error con dolor y cicatrices mediáticas.

Años después, propuso instalar refugios para murciélagos y apoyó causas de conservación animal: gestos discretos, pero firmes, para reconciliarse con la criatura y con su propia leyenda.

En una entrevista con The Guardian (2014), llegó a confesar que este mundo le daba miedo y que, como padre, se preguntaba: “¿Qué estamos dejando a estas personas (nuestros hijos)? Nada.” Allí mencionó justamente a “Revelation (Mother Earth)” y “War Pigs” como ejemplo de su música con mensaje reflexivo, lejos de la pura provocación.

Hoy despedimos al hombre y celebramos al artista. El que, a pesar de su imagen salvaje, en sus últimos días eligió crear belleza junto a los animales y devolverles algo de lo que les quitamos.

Quedan su voz, sus lienzos y su mensaje: todavía estamos a tiempo de soñar con un mundo en que la Madre Tierra sobreviva.

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