Jeannette Ryder, una filántropa norteamericana, llegó a Cuba a principios del siglo XX, convirtiéndose en una figura destacada en la lucha por los derechos de los animales, los niños y las mujeres vulnerables. Desde su llegada, se dedicó apasionadamente a proteger a los más indefensos de la sociedad cubana.
Desde su juventud, Jeannette demostró un compromiso inquebrantable con su causa. No solo alimentaba a los animales callejeros y se oponía a los maltratos, sino que también desafiaba a quienes abusaban de los caballos y se oponía a las corridas de toros. Su valentía y determinación inspiraron a otros a unirse a su noble causa, lo que llevó a la fundación del Bando de Piedad en 1906.
El Bando de Piedad se convirtió en un faro de esperanza para los más necesitados en La Habana, ofreciendo asistencia médica gratuita a niños y niñas, distribuyendo alimentos a personas sin hogar y proporcionando refugio y cuidado a los animales abandonados. Jeannette dedicó su fortuna personal y los ingresos de su esposo, el médico Clifford Ryder, para mantener esta organización que se basaba en donaciones.
A pesar de su enfermedad pulmonar diagnosticada en 1931, Jeannette continuó su labor humanitaria hasta el final. Su fallecimiento el 10 de abril de ese año conmovió a todos los que la conocían, pero fue su leal compañera, la perra Rinti, quien dejó una huella imborrable en la memoria de todos. Cuando Jeannette murió, Rinti se echó junto a su tumba en el cementerio Colón y rechazó todo alimento y agua, negándose a vivir sin su amada dueña. Esta conmovedora muestra de lealtad y afecto demostró el profundo vínculo entre Jeannette y los animales que tanto amaba.

Hoy en día, el panteón de Ryder es un lugar de peregrinación para los defensores de los derechos de los animales en Cuba, donde se honra la memoria de esta valiente mujer y su inquebrantable compromiso con la bondad y la compasión.
En 2019 se realizó la primera de estas peregrinaciones, sin convocatoria estatal. Cientos de miembros de la sociedad civil cubana acudieron, partiendo del Parque Quijote en el Vedado, marchando por toda la avenida 25, hasta la tumba de la mujer en la Necrópolis de Colón.

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