Cuba se enfrenta a un desafío energético de dimensiones críticas. En pleno siglo XXI, mientras el mundo acelera sus esfuerzos para abandonar los combustibles fósiles, la isla caribeña permanece anclada a una matriz energética profundamente dependiente del petróleo.
En 2022, el 96% de la electricidad generada en el país provenía de fuentes fósiles, dejando apenas un 4% en manos de las energías renovables. Esta situación, más que un simple retraso tecnológico, revela una estructura de poder y planificación desconectada de las verdaderas urgencias ambientales y sociales del país.
Metas cambiantes, credibilidad menguante
Desde hace más de una década, el gobierno cubano ha utilizado el discurso de la “transición energética” como bandera en foros internacionales. En enero de 2025, las autoridades anunciaron con entusiasmo que Cuba alcanzaría un 37% de generación renovable para el año 2030.
Sin embargo, esta no era la primera cifra prometida: antes se había hablado del 10%, del 24%, luego del 35%. La variabilidad de las metas no obedece a un ajuste técnico transparente, sino a la improvisación propagandística.
La inconsistencia quedó aún más al descubierto apenas tres meses después. En la presentación de la actualización de su Contribución Nacionalmente Determinada (NDC, por sus siglas en inglés) ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente (CITMA) extendió el plazo cinco años más, hasta 2035, y redujo la meta: ahora se aspira a un modesto 26% de generación renovable.
Este vaivén de cifras, sin un sustento técnico publicado ni cronogramas verificables, mina cualquier confianza en la voluntad real del régimen por cambiar su matriz energética. No hay modo de seguirles la pista: las metas aparecen y desaparecen con la misma ligereza con la que se redactan los discursos oficiales.
Electricidad “verde” para un parque automotor inexistente
Entre los compromisos presentados por el gobierno cubano, uno de los más llamativos es el objetivo de que el 15% del parque automotor funcione con electricidad para 2035.
Este anuncio sería alentador en cualquier país con industria automotriz, infraestructura de carga y acceso masivo a tecnologías limpias. Pero en la Cuba real, donde escasean hasta las bicicletas eléctricas y los apagones son cotidianos, suena a ciencia ficción.
Pretender electrificar el transporte mientras las termoeléctricas a petróleo y diésel continúan siendo la columna vertebral del sistema energético es, cuanto menos, contradictorio.

¿De dónde saldrá la electricidad para estos supuestos vehículos eléctricos? ¿Cómo se garantizará su acceso a repuestos, baterías y servicios técnicos en un país sin divisas, ni inversiones estables, ni transparencia institucional?
Reducción de metano… sin ganadería
Otro compromiso llamativo del plan climático cubano es la reducción de emisiones de metano provenientes de la ganadería. Esta sería una meta lógica en países con grandes volúmenes de producción bovina. Sin embargo, en Cuba, la ganadería está en ruinas.
El consumo de carne per cápita viene cayendo drásticamente por décadas, y la disponibilidad de leche y derivados es mínima, y proviene básicamente de la importación. Entonces, ¿a qué ganadería piensan regular para reducir emisiones?

Estas contradicciones evidencian que más que una hoja de ruta seria hacia la sostenibilidad, lo que presenta el gobierno cubano es un documento diseñado para ganar legitimidad ante organismos internacionales, sin comprometer su modelo económico extractivista ni tocar los intereses de la élite militar-partidista que controla los recursos del país.
Un plan que huele a petróleo
El supuesto objetivo final de la estrategia energética cubana es alcanzar, para 2050, una generación eléctrica 100% renovable. Sin embargo, la historia reciente nos recuerda cuántas veces se han hecho promesas similares, sin que los resultados se materialicen.

Mientras se proclaman metas verdes, Cuba continúa firmando acuerdos de exploración petrolera con consorcios extranjeros, promoviendo la extracción de crudo en aguas profundas del Golfo de México y rehabilitando viejas refinerías.
La contradicción es clara: el extractivismo fósil sigue siendo el motor oculto de la economía cubana, disfrazado bajo un barniz de sostenibilidad.
Propaganda verde para un modelo insostenible
La narrativa oficial de la transición energética en Cuba no resiste el más mínimo análisis técnico ni ecológico. Las cifras cambian como si fueran parte de un guion publicitario, no de una política pública seria. La desconexión entre lo prometido y lo posible, entre la realidad objetiva del país y los compromisos asumidos, revela una profunda enajenación del poder respecto al territorio que administra.
Es necesario desmontar este discurso, no por pesimismo, sino por responsabilidad. La transición energética no puede ser una etiqueta vacía ni una excusa para ocultar la falta de voluntad política y la perpetuación de un sistema energívoro y autoritario.
Cuba necesita con urgencia un verdadero diálogo nacional sobre su futuro energético, donde las comunidades, científicos y sectores productivos tengan voz. Mientras tanto, seguiremos siendo testigos de la enésima falacia disfrazada de revolución.
Referencias
- Escambray (2025, enero 27). Actualiza Cuba acciones frente al cambio climático. Recuperado de: https://www.escambray.cu/2025/actualiza-cuba-acciones-frente-al-cambio-climatico/
- Tribuna de La Habana (2025, enero 27). Desafío energético de Cuba: hacia una transición sostenible. Recuperado de: https://www.tribuna.cu/ciencia/2025-01-27/desafio-energetico-de-cuba-hacia-una-transicion-sostenible
- Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) (2023). Balance Energético Nacional 2022. La Habana, Cuba.
- Ministerio de Energía y Minas (MINEM) (2022). Política para el desarrollo perspectivo de las fuentes renovables y la eficiencia energética en Cuba. Documentos oficiales.
- Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC) – Cuba. Recuperado de: https://unfccc.int/NDCREG
- IEEFA – Institute for Energy Economics and Financial Analysis (2023). Cuba’s energy crisis: Structural issues and reform prospects. Disponible en: https://ieefa.org
