La mañana de este viernes 8 de agosto, La Habana fue testigo de un espectáculo meteorológico poco común: una tromba marina que se formó frente al malecón, a escasa distancia de la costa.
El fenómeno, visible desde varios puntos de la ciudad, atrajo la atención de transeúntes y fotógrafos, que no dudaron en registrar la escena.
El embudo, perfectamente definido, descendía desde la base de una nube de tormenta hasta tocar la superficie del mar, levantando columnas de agua.
Este tipo de formaciones —también conocidas como mangas de agua— ocurren cuando una masa de aire frío en altura interactúa con aire cálido y húmedo en superficie, generando un intenso vórtice que gira sobre el océano.
Aunque visualmente impactantes, las trombas marinas pueden resultar peligrosas si se acercan a embarcaciones o si logran alcanzar tierra firme, donde el viento y el oleaje que provocan pueden causar daños.
En este caso, la formación se mantuvo mar adentro y se disipó pocos minutos después, sin consecuencias materiales ni personales.
Especialistas recuerdan que, a pesar de ser fenómenos naturales presentes desde hace siglos, el cambio climático podría estar aumentando su frecuencia e intensidad.
El progresivo calentamiento de las aguas superficiales y la mayor inestabilidad atmosférica, síntomas del Cambio Climático, crean condiciones más favorables para que se desarrollen eventos convectivos severos, como tormentas intensas y trombas marinas.
La imagen del embudo frente al icónico malecón habanero quedará como una postal tan fascinante como aleccionadora: un recordatorio de que, incluso en días aparentemente tranquilos, la atmósfera puede sorprender con manifestaciones extremas de su fuerza.

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