Un incendio forestal de gran magnitud lleva varios días avanzando en las lomas de San Juan y Martínez, en la provincia de Pinar del Río, sin que hasta el momento exista una cobertura clara en los medios oficiales. La alerta ha sido difundida principalmente a través de testimonios independientes, como el del periodista cubano José Raúl Gallego, quien denunció la falta de recursos para enfrentar el siniestro.
“Desde hace tres días las lomas de San Juan y Martínez, Pinar del Río, están ardiendo. No he visto nada publicado en la prensa oficialista sobre este nuevo incendio forestal”, escribió Gallego. Según su relato, la situación en el terreno es crítica: “El incendio crece por días y las personas encargadas de apagarlo prácticamente no tienen recursos para enfrentarlo: sin maquinaria pesada para abrir trochas, poco personal y ni siquiera han podido utilizar el camión de bomberos”.
Un problema recurrente en el occidente cubano

Pinar del Río no es ajeno a este tipo de eventos. En los últimos años, la provincia ha sido escenario de algunos de los incendios forestales más intensos del país, favorecidos por la combinación de sequías prolongadas, altas temperaturas y vientos variables. La temporada seca —que coincide con los primeros meses del año— incrementa considerablemente el riesgo.
Sin embargo, más allá de las condiciones climáticas, especialistas han advertido que el propio modelo forestal cubano puede estar contribuyendo a la vulnerabilidad del territorio.
Monocultivos forestales: bosques que arden más fácil
Gran parte de los programas de “reforestación” en Cuba han priorizado especies de rápido crecimiento y valor comercial, como pinos y eucaliptos, en detrimento de la diversidad ecológica. Estos sistemas, aunque cumplen metas de cobertura forestal en términos estadísticos, generan paisajes homogéneos altamente inflamables.
Los monocultivos forestales tienden a acumular biomasa seca, presentan menor retención de humedad y favorecen la propagación rápida del fuego. A diferencia de los bosques naturales diversos, donde distintas especies crean microclimas más estables y resistentes, estas plantaciones funcionan como verdaderos corredores de incendio.
A esto se suma el carácter extractivo del modelo: la madera constituye un recurso económico importante, lo que incentiva la siembra intensiva de especies comerciales sin considerar suficientemente su impacto ecológico a largo plazo.
Ríos represados y ecosistemas alterados

Otro factor estructural que agrava la situación es la modificación del régimen hídrico. Cuba cuenta con cientos de presas y micro-presas que han alterado significativamente el flujo natural de los ríos. Si bien estas infraestructuras han sido clave para el almacenamiento de agua, también han reducido la humedad en algunos ecosistemas y afectado la regeneración natural de los bosques.
La disminución de caudales, combinada con la fragmentación del paisaje, contribuye a la degradación progresiva de los suelos y aumenta la susceptibilidad al fuego.
Un costo ambiental ignorado
Gallego también subraya el impacto ambiental del incendio: “Cada minuto de estos incendios tiene un costo ambiental considerable”. La pérdida de cobertura vegetal no solo implica la destrucción de hábitats, sino también la liberación de carbono almacenado, la erosión del suelo y la afectación de cuencas hidrográficas.
En su crítica, el periodista señala una contradicción en el discurso oficial: “Ese [régimen] que ante el mundo se pinta de ecologista…”. Esta tensión entre narrativa y realidad ha sido objeto de debate entre académicos y ambientalistas, especialmente en lo que respecta a la gestión forestal y la transparencia informativa.
Más allá del incendio
Lo que ocurre hoy en San Juan y Martínez no es un evento aislado, sino el síntoma de un problema más profundo: un modelo ambiental que prioriza indicadores formales sobre resiliencia ecológica real.
El fuego, en este contexto, no solo quema árboles. Expone las debilidades de un sistema donde la prevención, la diversidad biológica y la gestión sostenible siguen siendo asignaturas pendientes.
La foto de cabecera es del incendio de hace 1 año en el mismo municipio. Foto: Lázaro Boza Boza/ Tele Pinar

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