La narrativa oficial de la dictadura cubana ha prometido por décadas la construcción de los parques eólicos Herradura 1 y Herradura 2 en Las Tunas. Sin embargo, 25 años después de iniciar esta iniciativa en el año 2000, los avances reales son mínimos, y las promesas incumplidas se han acumulado.
Cronología del incumplimiento
En el año 2000, Cuba identificó zonas con potencial para la generación eólica, destacando las áreas de Herradura 1 y Herradura 2.
La construcción de los parques eólicos Herradura 1 y Herradura 2 ha contado con la colaboración de empresas chinas como Goldwind y Shanghai Electric, encargadas de suministrar los aerogeneradores y otros equipos clave.
En 2017, se informó sobre la construcción de infraestructuras de apoyo, como el centro logístico, la villa de trabajadores y los accesos al complejo, además de estudios para la ubicación óptima de los aerogeneradores.
Se proyectó que al menos un circuito estaría operativo para finales de 2018. No obstante, estas metas no se cumplieron.

En los años subsiguientes se mantuvieron las promesas de la llegada de los molinos de viento, y cada año parecía que sería el decisivo.
En 2024, medios estatales reportaron “avances significativos” en las obras civiles de Herradura 1, incluyendo la subestación eléctrica y el centro de mantenimiento.
A pesar de ello, la falta de recursos nuevamente impidió la finalización de la obra civil esencial para la instalación de los aerogeneradores, muchos de los cuales llevan años en almacenes cubanos. Periódico 26
Este fin de año los medios oficialistas cubanos se dieron a la tarea de nuevamente estimular la esperanza en la cansada población cubana, anunciado que Herradura 1 entraría en funcionamiento en 2025.
Aunque el proyecto original de Herradura No.1 fue concebido para instalar 34 aerogeneradores, cada uno con una capacidad de 1,5 megawatts, alcanzando así una capacidad total de 51 megawatts, para 2025, solo se prevé la instalación de 22 aerogeneradores, lo que reducirá significativamente la capacidad operativa proyectada inicialmente.
Por su parte, el parque Herradura 2 con similar potencia, que comenzó a construirse, se mantiene paralizado por falta de financiamiento.
Este cambio refleja los atrasos y limitaciones en la ejecución del proyecto, que ya lleva casi 25 años en desarrollo.
Falta de visión
Hay que señalar que Cuba ha optado por la estrategia de instalar aerogeneradores de capacidad media en lugar de planificar la construcción de grandes parques eólicos con turbinas de alta potencia.

La realidad es que, tras casi un cuarto de siglo de anuncios y promesas, los parques eólicos Herradura 1 y Herradura 2 siguen sin aportar energía al sistema eléctrico nacional.
La falta de inversión, problemas de gestión y obstáculos burocráticos han convertido estas iniciativas en símbolos de ineficiencia y retraso.
Es imperativo que el gobierno cubano reevalúe sus estrategias y prioridades en el sector energético.
El gobierno cubano había establecido como objetivo que, para 2030, el 24% del consumo eléctrico proviniera de fuentes renovables, con un énfasis en parques eólicos y solares. Sin embargo, esta meta se torna cada vez más incierta.
La capacidad actual de generación eólica en Cuba es de apenas 11,4 MW, una fracción mínima en comparación con las necesidades energéticas del país. Xinhua Español
Actualmente, todos los aerogeneradores en funcionamiento en el país están dentro del rango de potencia media, un enfoque que limita la eficiencia de los proyectos a gran escala. Esta estrategia, aunque más sencilla de implementar, refleja la falta de recursos y planificación estratégica para desarrollar instalaciones de mayor impacto en la generación de energías renovables.
La dependencia de combustibles fósiles y la obsolescencia del sistema eléctrico requieren soluciones urgentes y efectivas.
La transición hacia energías renovables no puede seguir siendo una promesa eterna; debe convertirse en una realidad tangible para garantizar la sostenibilidad y autonomía energética del país, y acabar por siempre con los abusivos apagones que sufre la población.
La ciudadanía merece transparencia, resultados concretos y una planificación estratégica seria que priorice el bienestar del país. No más discursos vacíos y proyectos inconclusos.
Es hora de que las autoridades abandonen la inercia y ofrezcan soluciones reales al problema energético, o permitan que otros con visión y capacidad tomen el relevo.

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